jueves, 4 de enero de 2018
Vídeo del programa de RTVE "Redes" El sistema educativo es anacrónico
Este vídeo nos muestra la necesidad de renovar la educación en base a cómo ha evolucionado la sociedad.
http://www.rtve.es/television/20110304/redes-sistema-educativo-anacronico/413516.shtml
Aprender a vivir juntos
A pesar de lo que decía Aristóteles "el ser humano es el animal más
social de todos los animales" en la sociedad actual tendemos a ser cada
vez más individualista fomentando la competitividad y el beneficio propio. Por
tanto, aprender a vivir juntos es una aspiración que debe ser socialmente
construída, tiene que ser objetivo de aprendizaje y de la política educativa.
En este sentido puede considerarse la escuela como un ámbito
"artificial" de socialización, en los que cobran importancia los objetivos
de cohesión social, el respeto al diferente, la solidaridad y la resolución de
conflictos mediante el diálogo.
Las reflexiones sobre este tema se pueden dividir en dos grandes
categorías:
- la dimensión
institucional hace referencia a que la autonomía de las escuelas, que
ofrece libertad e identidad, no es incompatible con las experiencias
masivas de conectividad entre ellas ya que enriquecen la socialización.
- el proceso enseñanza-aprendizaje que pone de manifiesto que la formación ética y de la personalidad va más allá de lo cognitivo, reconociendo la importancia de la educación emocional.
La escuela pasa a ser un elemento que educa en valores junto con la familia
contribuyendo a formar ciudadanos y ciudadanas capaces de tomar decisiones, ser
críticos, asumir responsabilidades y en definitiva construir un mundo mejor.
Paulo Freire fue un importantísimo educador y pedagogo del siglo XX.
Desarrolló una perspectiva dialógica en educación que incluía a todas las
personas cercanas al entorno del niño y que, de una manera u otra,
influenciaban su aprendizaje. Nos ofrece un modelo en el que participa toda la
comunidad educativa y es en esa participación donde podemos encontrar la clave
de todo. Nos referimos a las Comunidades de Aprendizaje y en otros posts se
tratará sobre ellas.
¿Por qué necesitamos Aprender a Aprender?
Vivimos en unos tiempos que se caracterizan por la velocidad que ha
adquirido la producción de conocimientos y el acceso a un gran volumen de
información. Por tanto, la educación ya no podrá estar dirigida a la
transmisión de conocimientos sino a desarrollar la capacidad de producirlos y
utilizarlos. Entonces, ¿dónde queda el papel tradicional del profesor?
Perkins distingue dos tipos de conocimientos los de orden inferior y
los de orden superior. Los primeros son aquellos conocimientos sobre áreas de
la realidad. Los de orden superior son conocimientos sobre cómo obtener
conocimientos y cómo pensar correctamente. Por tanto, el profesor se considera
como "acompañante cognitivo" cuya tarea es enseñar el oficio de
aprender.
Esto implica que el profesor debe ser capaz de exteriorizar un proceso
mental para que los alumnos sean capaces de observarlo, compararlo y ponerlo en
práctica. El profesor tiene que desempeñar el papel de modelo desde el punto de
vista del proceso de aprendizaje, poniendo de manifiesto cómo desarrolla su
actividad para que los alumnos puedan observar y construir un modelo conceptual
de los procesos necesarios para llevar a cabo una determinada tarea.
Por otro lado, tenemos que ser conscientes de que la educación no es una
etapa de la vida sino que debemos aprender a lo largo de todo nuestro ciclo
vital por lo que aprender a aprender se convierte en una herramienta muy
valiosa que permite al alumno tener las estrategias necesarias para
desenvolverse en cualquier situación de su vida, tanto en el nivel cognitivo
como en el emocional.
Aprender a aprender también modifica la estructura institucional de los
sistemas educativos ya que su función tiene que estar dirigida a la capacidad
de producir conocimiento y utilizarlo, así como fomentar la creatividad y las
habilidades naturales de cada uno. La sociedad actual necesita jóvenes
creativos, motivados y que conozcan sus habilidades y éstos deberían ser los
objetivos del sistema educativo.
miércoles, 3 de enero de 2018
¿Es posible redistribuir el conocimiento?
Esto siempre ha sido un deseo o
una pretensión, pero sin lugar a dudas no es nada fácil. Ya hace como cuarenta
años Jenks decía a quienes querían una redistribución de la riqueza, que por
mucho que igualásemos la educación, no podríamos así igualar los ingresos de la
gente, ya que dependían de factores más poderosos, pero también subyacía tras
él, la idea de que las reformas escolares, fueran útiles o no eran más fáciles
de hacer que las reformas económicas. Lo positivo en la sociedad de la
información y el conocimiento en la que vivimos actualmente, la balanza entre
el capitalismo y la educación, el peso se va decantando cada vez más hacía la
educación.
No hace falta decir que esto no significa que no existan capitalistas, poderosos... si no que cada vez existen menos y que el futuro de cada uno, no solo depende de lo adinerados que sean sus padres, si no de ellos mismos, de tener tiempo y recursos, y no me refiero solo a los materiales para tener una buena formación inicial, ya las familias de hace muchos años comprendieron que lo que tenían que hacer no era dejarle tierras a sus hijos, si no, proporcionarles una buena educación.
También es cierto que sigue existiendo la autoridad, división entre directivos y subordinados, es más, la misma sociedad permite la transmisión de las propiedades mediante la herencia pero prohibe la transmisión de la autoridad, aunque en términos informales la vea bien, se trate solo como "echar una mano".
Al ser muy pocos los agraciados con una herencia económica y menos aún con la de la autoridad, al menos, legítimamente, cobra muchísima importancia la cualificación.
La mala noticia es que esto no es nada fácil, según Todd (1998) el gran éxito de la institución fue la generalización de la educación primaria, demostrando que todo el mundo era capaz de leer y escribir, el gran fracaso ha sido la generalización de la educación secundaria. La redistribución del conocimiento, así como de su adquisición, se revela una misión casi imposible, ha fracasado una y otra vez a pesar de los numerosos y variados intentos. Las reformas educativas fracasan en el hecho de querer eliminar la brecha entre las clases y grupos sociales, excepto en lo que se refiere a la fractura de genero, que ya se encuentra muy debilitada.
¿Escuela del capitalista o escuela del capital cultural?
La sospecha de que la escuela ha
estado al servicio del capitalista viene de lejos, si vivimos en una sociedad
capitalista, sería lógico pensar que éstos se verían beneficiados de tener la escuela a su servicio, tanto
globalmente, al desempeñar funciones útiles para el capital como el capitalismo
como individualmente, ya que los hijos de la clase capitalista podrían
beneficiarse de acceso a las mejores escuelas, universidades, lo que les
aseguraría el éxito escolar, facilitándoles el acceso a las mejores oportunidades
sociales y perpetuando así sus privilegios pero quizás esto no es suficiente,
quizás los que tienen ventajas o parten de una posición privilegiada son los
hijos de las clases escolarizadas, dividiendo a éstos en: hijos de la clase
profesional-directiva y los hijos de la clase media funcional o clase de
servicio, ¿por qué? lo primero porque los colectivos profesionales
monopolizaban la oferta a sus servicios y lo segundo porque la complejidad de
las organizaciones exige una gestión cualificada y porque en nuestra sociedad
se ha logrado eliminar la compra y transmisión de los cargos totalmente en los
públicos y en parte en los privado.
Podríamos hablar entonces de una única clase social y de una escuela no del capital económico si no del capital cultural, escolar. Entonces sería de esperar que triunfasen los que ya traían de casa un capital escolar, que unas familias poseen y otras no, siendo éste el causante ahora de esa distribución desigual, tan injusto como cuando hablábamos del capitalismo económico, ya que cuando no se posee no se puede transmitir, pero aun poseyéndolo no es seguro que se transmita, lo que quiere decir, que el fracaso escolar también puede cebarse de familias de clase media y cultas, lo que lo convertiría en un problema público.
En resumen, la adquisición de este capital cultural no está garantizado ni para el que proviene de familias poderosas o adineradas, ni para los que tuvieron la suerte de estar escolarizados y escolarizar a sus hijos, ya que su adquisición tiene una dinámica propia, marcada por las diferentes formas de adquisición, de acumulación, de deterioro, por las distintas fuerzas implicada y por sus estrategias.
La cualificación y la competencia
La actual economía global hace que los
empleadores no tengan por qué emplear mano de obra local, sino que pueden
buscarla en cualquier lugar del mundo. Este panorama supone para el trabajador
competir en un escenario mucho más amplio, millones de competidores de todo el
mundo que ofrecen y esperan condiciones muy distintas.
En el caso de empleos poco cualificados,
trabajadores de otras regiones del mundo estarán dispuestos a trabajar más
horas por menos salario (y su sistema lo permite) y otros tantos estarán
dispuestos a recorrer la distancia geográfica que sea para optar a un trabajo
no deslocalizable. El trabajador local afectado por esta situación estará
claramente en contra, incluso esgrimiendo argumentos de izquierdas, pero lo
cierto es que ese empleo también podría mejorar las condiciones de vida de los
trabajadores de otras regiones y al fin y al cabo, ellos también tienen esos
derechos (o deberían tenerlos).
Para colmo, cada vez son más las tareas que pueden realizar las máquinas, lo que supone para el trabajador una competencia extra y difícil de superar. Los afectados pueden resistirse a la mecanización, pero los consumidores sin duda apreciarán más los bajos precios. Frente a la mecanización solo existen dos formas de mantener el empleo en manos de los trabajadores, que se valoren cualificaciones, habilidades, etc. que no puedan ofrecer las máquinas; o, pasar al consumidor los gastos que supone que las cosas se sigan haciendo “a mano”.
En cualquier caso, vemos que en una sociedad
en la que la competencia por el empleo es tan dura, la cualificación se
convierte en la mejor herramienta. Se podrían establecer políticas para
defender el empleo, fijarlo a sus regiones de origen o restringir el flujo de
inmigrantes, pero lo que se conseguiría con eso sería poco más que defender los
privilegios de una parte de la población frente al resto. La única forma justa de
favorecer la posición y las oportunidades de los nuestros es luchar por una
mejor formación y una mejor cualificación. Esto permitirá mejorar el acceso a las
opciones de empleo que ya existen, y además abre el camino para la creación de
otras nuevas oportunidades de empleo.
¿Necesita la escuela un cambio de ritmo?
La
misma institución que fue el gran instrumento del cambio hacia la sociedad
industrial se ve ahora arrollada por el cambio experimentado por nuestra
sociedad hacia la sociedad del conocimiento.
La escuela, que nació de la aceleración del cambio social, sucumbe ahora al nuevo ritmo establecido, pero ¿Cómo podemos medir la velocidad del cambio?, para Protágoras: “El hombre es la medida de todas las cosas”, por lo que su ritmo, tiene consecuencias cruciales para la sociedad y la educación en particular.
A
continuación veremos esta influencia:
Éxito y fracaso, ¿ricos y pobres?
Siempre
hemos escuchado el dicho de que "el dinero llama al dinero", y que el
poderoso, cada vez tiene más poder, ¿podemos decir lo mismo del
conocimiento y de la cultura?
En
la Sociedad del aprendizaje y el conocimiento, podemos correr el
riesgo de que el aprendizaje durante toda la vida, sea solo para unos
pocos, y éstos aprendan mucho, cada vez más y otros aprendan poco o
nada.
Hay
dos factores importantes que marcarán el aprendizaje de cada
persona, el primero, tener una buena educación inicial, pues ello le
facilitará seguir aprendiendo incluso habiendo hecho un parón,
poder retornar al sistema educativo formal una o mil veces, además, lo lógico, es que si está bien formado, tenga acceso a un buen trabajo, tenga
una buena autoestima y autodidaxia, podríamos hablar de logorricos.
El otro factor es justamente la situación contraria, el fracasado
escolar, a éste todo se le torna negro… tendrá dificultad para
volver a la educación reglada y si vuelve tendrá que saltar
obstáculos tales como la humillación, ya que vuelve como el
fracasado, el que no triunfó y además con unos compañeros menores,
en la mayoría de los casos esta situación conduce al desempleo o a
empleos muy precarios, en los que no seguirán aprendiendo o
formándose, si no, que en la mayoría de los casos, tendrán una baja
autoestima y no serán autodidactas, estos serían los logopobres,
los que se estancaron primero con la educación, después con el
trabajo, y por último, consigo mismo...
Bien
es verdad, que en la sociedad actual en general, todos tenemos la
posibilidad de que si no hemos aprendido algo hoy, podremos hacerlo
mañana, pero por otro lado, esto pierde un poco de sentido, porque
cuando el rezagado llega a dónde antes estaba el adelantado, éste
estará ahora mucho más lejos. Son las dos caras del aprendizaje
continuado a lo largo de toda la vida (Fernández Enguita,
2004)(parábola de Aquiles y la tortuga)
martes, 2 de enero de 2018
La III Revolución Industrial, la de la cualificación
Aunque cuando se habla de revolución
industrial siempre pensamos en la máquina de vapor y las chimeneas de carbón, incluso
en el ferrocarril; hay que puntualizar que no ha existido una sola revolución industrial,
y en este post, definiremos tres de estas revoluciones.
Nuestra primera revolución industrial va
a ser la que todos conocemos, la que tiene como sus iconos el carbón, el vapor
y el ferrocarril, la de los siglos XVIII y XIX. Esta surgió en Inglaterra y se
extendió rápidamente por el centro y el norte de Europa. Principalmente supuso
un cambio en el modelo de producción, pero también transformo la sociedad,
surgiendo algo tan importante a día de hoy como el concepto de propiedad. Algo
que para nosotros es tan básico y queda tan claro, surgió claramente en esta
época (hasta entonces eran los nobles y las iglesias las que verdaderamente
eran dueñas de todo). Y al existir la propiedad surgió la diferencia entre
propietarios o burgueses y no propietarios o proletarios.
La segunda revolución industrial nació
en EEUU ya empezado el siglo XX y gobernó hasta la crisis de los 70. ¿Y qué
aporto tan importante para que la tengamos en cuenta? Pues su principal
aportación a la historia fue el modelo de producción en masa, representado por
ejemplo por Henry Ford y su sistema de producción de coches. No nos referimos a
la aparición de potentes máquinas y nuevas tecnologías (que también) sino a la
nueva manera de organizar el trabajo. El trabajo en cadena. Hasta entonces un
artesano fabricaba unos zapatos, un carro o una pistola; pero a partir de
ahora, un ejército de obreros se encargaría de fabricar cada pieza y otros
tantos de montarlas para conseguir el producto final. Esto supuso un notable
incremente de la producción, que repercutió mejorando la calidad de vida de los
trabajadores y un sistema de consumo en el que casi todo estaba al alcance de
casi todos. Así mismo se impone un nuevo sistema de organización del capital en
la figura de las corporaciones o sociedades, en el que surgen las figuras de
los directivos y los subordinados.
Y
la tercera, donde nos encontramos ahora, no se caracteriza por un nuevo
paradigma de producción, trabajo o capital, sino por la nueva forma de utilizar
el conocimiento. Nunca el conocimiento fue tan importante en todas las etapas
de todos los procesos de todos los productos, y nunca surgió ni se compartió a
la velocidad que lo hace hoy día. Precisamente por lo intangible de su principal
“materia prima”, no se puede especificar el lugar en el que nace esta
revolución a la que también llamamos “tecnológica”, “científica”, o “de las
nuevas tecnologías”. La sociedad en la que se asienta es la Sociedad de la
Información y el Conocimiento, y la nueva separación de “castas” que nos trae,
es la de los cualificados y los no cualificados.
Avanzando en la educación: la Inteligencia Emocional
Nuestra sociedad y, en concreto, la escuela han priorizado hasta
finales del siglo XX los aspectos intelectuales y académicos de los alumnos
convencidos de que los aspectos emocionales y sociales pertenecen al plano
privado y, en este sentido, cada individuo es responsable de su desarrollo
personal. El siglo XXI nos ha traído una nueva forma de ver la realidad
más diversa sobre el funcionamiento de las personas y estamos tomando
conciencia de forma lenta, aunque progresiva, de la necesidad de que la educación
de los aspectos emocionales y sociales sean atendidos y apoyados por la
familia, pero también de forma explícita por la escuela y la sociedad.
La literatura más reciente ha mostrado que las
carencias en las habilidades de inteligencia emocional afectan a los
estudiantes dentro y fuera del contexto escolar (Brackett,
Rivers, Shiffman, Lerner y Salovey, 2006; Ciarrochi, Chan y Bajgar, 2001;
Extremera y Fernández-Berrocal, 2003; Mestre y Fernández-Berrocal,
2007; Sánchez-Núñez, Fernández-Berrocal, Montañés y Latorre, 2008;
Trinidad y Johnson, 2002).
La carencia de inteligencia emocional provoca o facilita la aparición de problemas de conducta entre los estudiantes afectando al rendimiento académico y apareciendo conductas disruptivas. Pero, ¿es posible educar la inteligencia emocional? Sí, y se ha convertido en una tarea necesaria en el ámbito educativo, y la mayoría de padres y docentes consideran primordial el dominio de estas habilidades para el desarrollo evolutivo y socioemocional de sus hijos y alumnos.
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